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Los Franciscanos Capuchinos somos hombres de oración. Nuestras Constituciones dicen: "La oración es como respiración del Amor...” (Cfr. Const. 45,1). El Espíritu Santo nos invita a la oración, los hermanos le escuchamos con el corazón; respondiendo a Dios que nos habla, alcanzamos la plenitud en cuanto que nos salimos del amor propio y, en unión con Dios y con los hombres, nos vamos configurando con Cristo. Estos son los dos movimientos en esta respiración: el amor de Dios y nuestra respuesta, y como no se puede dejar de respirar, la oración es un acto continuo, así como dijo Jesús: “Orad siempre, jamás dejad de orar” (Cfr. Lc 18,11).
En efecto, Cristo mismo es nuestra vida, nuestra oración y nuestra acción. A través de este diálogo, Dios nos habla mediante las criaturas, los signos de los tiempos, nuestro corazón y, en especial, mediante Jesucristo, principalmente a través de la lectura del Santo Evangelio. Y nosotros nos esforzamos por contestar con nuestro amor y comunión con Dios.
Una práctica muy importante entre los Capuchinos, es la oración mental o meditación. En ella se cultiva el espíritu contemplativo que caracterizó a San Francisco de Asís y a los primeros hermanos franciscanos. Esa oración conduce al Capuchino a la verdadera adoración, a la sagrada liturgia con mayor eficacia, al verdadero amor a los hermanos y a todas las demás criaturas. La meditación es la maestra espiritual del Capuchino. Practicando fielmente esta oración, y sin evadirnos de la realidad a través de la oración contemplativa, Cristo nos invita a descubrirlo en las situaciones de la vida, en los acontecimientos de la historia, en la religiosidad popular y en la cultura particular de las regiones, a ejemplo de Francisco que también encontró a Cristo en su encuentro con el leproso.
Como se puede ver, la vida espiritual del Capuchino puede ser sintetizada en los siguientes puntos: el Santo Evangelio, la Santa Misa, la liturgia, la meditación y la caridad apostólica. Son puntos que se complementan y se incluyen, como expresión de la "respiración del Amor"; son el núcleo de la vida, alrededor del cual se es posible testimoniar la fraternidad evangélica que constituye nuestra carisma y espiritualidad franciscano capuchina. |