Por: fray Guillermo Trauba.

Estimados Amigos de Padre Pío,

¡La paz y alegría de Cristo resucitado esté con cada uno de ustedes!

¿Qué es el sueño de nuestra vida? Tal vez sería ser feliz. Pero, la concepción de la felicidad varía mucha según las necesidades inmediatas de cada persona. Por una que sufre hambre la felicidad es tener comida, por un encarcelado es la libertad, etc. Pero si uno tendría todo lo que este mundo le pudiera ofrecer,¿sería por eso feliz? Algunos opinan que no. Estas personas perciben en su interior un anhelo que ninguna cosa material y temporal puede llenar. La transcendencia de este anhelo da origen a nuestras mejores aspiraciones y sueños. Nos hace buscar lo ideal y lo perfecto. Nos encausa a una búsqueda de un verdadero paraíso que en un aquel entonces hemos perdido.

Los adolescentes tienen muchos idealesy sueños que les animan en buscar su felicidad. Estos sueños les impulsan a desarrollar sus carreras y formar familias. Pero también les conducen a manifestaciones de inconformidad con lo que ven en su alrededor. Con tiempo los idealistas jóvenes aprenden que poco pueden remediar y que no pueden vivir por puros sueños. Resulta que poco a poco se sucumben a una realidad de aceptar un trabajo que no hubieran elegido y rutinas que aborrecían hace algunos años antes. ¿Qué pasa con este anhelo y sueño que les tenían enamorados? ¿Dios les engañó? ¿Sus aspiraciones fueran una cruel decepción por un Dios que no puede cumplir con sus promesas?¿El amor verdadero es una mera ilusión humana tanto como la plena felicidad? ¿Dónde se quede el amor, la verdad y el sentido de la vida en toda esta confusión?

Una hija espiritual de Padre Pío sufría estas perturbaciones que, a veces, le hacía llegar al punto de frustración y desesperación. Los consejos de Padre Pío a ella nos pueden ayudar en nuestras propias luchas para realizar el sueño más importante en nuestra vida.Padre Pío aconseja su hija espiritual, Herminia Gargani, en su carta a ella fechada el 14 de diciembre de 1916:

Y estáte tranquila sobre la existencia de la caridad divina en tu corazón. Y si ese deseo ardiente no queda satisfecho, si te parece que deseas siempre el amor perfecto sin llegar a poseerlo todo eso indica que tú no debes decir nunca ¡ya basta!; quiere decir que no podemos ni debemos detenernos en el camino del divino amor y de la santa perfección. Tú sabes bien que el amor perfecto se adquirirá cuando se posea el objeto de ese amor. Entonces, ¿por qué tantas ansiedades y tantos desánimos inútiles? Desea, desea siempre ardientemente y con mayor confianza y no temas….

Frente a la angustia de la señorita Herminia de no poseer lo que anhela, Padre Pío le aconseja comprensión y perseverancia, pero una perseverancia con un deseo ardiente a encontrar el objeto de su deseo. ¿De dónde vendrá este deseo ardiente? Este deseo ardiente es posible porque Dios se le había permitido un saborcito de Sí mismo. Esto la sedujo a seguir buscándolo toda su vida. En la oscuridad y confusión de sentimientos encontrados es la fe en Dios que le ofrece un camino seguro a su destino.

El exquisito sabor de un encuentro con Dios se nos ha dado a nosotros también. La mayoría de las veces no lo reconocemos que viene de Dios. Más bien pensamos que viene de mis necesidades o de los deleites de este mundo. No nos damos cuenta que es Dios que se disfrace en toda cosa buena, bella y verdadera.

Entonces, es de mucha importancia de afirmar que Dios no nos defraude. Estas aspiraciones para la felicidad y plenitud de la vida no son quimeras. Son verdaderas pero mal interpretados por nuestras necesidades y mundanas ilusiones. Nos invita Dios meditar en ellos y escuchar cómo es la vida y felicidad y en dónde encontrarlas. Los testimonios sobre Cristo Resucitado resaltan este anhelo para la vida plena dentro de nosotros. Jesús por medio de su muerte y resurrección da la prueba más segura que nuestro deseo de vivir la plenitud de la felicidad no está en vano.

Disfruta esta temporada de la Pascua y que el Espíritu Santo trae luz y cuerpo a tu deseo de ser feliz y disfrutar la plenitud de la vida.