• capuchinos-4-sider

  • capuchinos-3-sider

  • capuchinos-5-sider

  • capuchinos-2-sider
  • capuchinos-1-sider

De las cartas de Pare Pío: sobre las prácticas cuaresmales

Por: fray Guillermo Trauba.

Ya comenzamos la Cuaresma al par del inicio del mes. Sabemos desde las exhortaciones del Papa y de otras personas que los tres fundamentos de una cuaresma santa son la oración, el ayuno y la limosna. En una manera podemos decir que la oración nos orienta a Dios, el ayuno nos mueve a Dios y la limosna nos une con Dios.


La oración nos orienta a Dios porque así estamos escuchando el anhelo por Dios desde la profundidad de nuestro espíritu. El ayuno nos desapega de nuestros intereses y gustos y nos hace libres para movernos a Dios. El ayuno purifica el corazón y reconocemos que es solamente Dios la comida que satisface el hueco en nuestro espíritu. La limosna es un expresión concreta de amor hecha con gratitud por lo que Dios ha hecho por nosotros, su misericordia hacia nosotros comunicada por medio de su hijo Jesús. La limosna nos une con Dios.


Estos tres elementos están implícitos en el consejo de Padre Pío a una dirigida desconocida en su carta a ella fechada el 4 de agosto de 1917:
Vive totalmente en Dios; y, por el amor que esto te reporta, acéptate pacientemente a ti misma con todas tus miserias. Recuerda que el ser buenos siervos de Dios no implica estar siempre contentos, siempre en la dulzura, sin aversión ni repugnancia alguna al bien; porque, si eso fuera verdad, ni santa Catalina de Siena, ni santa Teresa ni san Pablo habrían servido bien al Señor. El ser buenos siervos de Dios comporta, por el contrario, ser caritativos con el prójimo, tener en la parte superior del espíritu un propósito inquebrantable de realizar la voluntad de Dios, tener una profunda humildad y simplicidad para entregarse a Dios y levantarse tantas veces cuantas se ha caído; aceptarse a sí mismo en las propias limitaciones y caídas, y soportar con paz a los otros en sus imperfecciones.


La actitud que Padre Pío propone a su dirigida supone una identificación con su relación con Dios como hija. Padre Pío la exhorta que le pertenezca totalmente a Dios y que sea totalmente dependiente de Él. Identidad y pertenencia van par en par. No existe uno sin el otro. Perteneciendo totalmente a Dios, ella va a encontrar su identidad como hija de Dios. Estos son actitudes que resultan de una introspección adentro de uno. Cuando buscamos nuestra identidad a veces hacemos demasiado hincapié en referencias exteriores: lo que hacemos, lo que otros dicen de nosotros, quien nos ama, lo mucho o poco que tenemos, etc. Hace falta un referencia interior que va más allá que el estado de ánimo.


Mirando adentro de nosotros descubrimos nuestra verdadera identidad. Descubrimos nuestro corazón y el sentido de nuestra vida. Descubrimos que no solamente somos hijos del universo sino que también somos hijos del Creador del universo. Todo del universo nos pertenece a nosotros como nosotros pertenecemos a Dios.


Mirando a dentro de nosotros afirmamos con más claridad una lógica que gobierna nuestra vida y sano desarrollo: somos racionales para aprender, lo que aprendemos nos da más opciones y más libertad, la libertad es para amar y el amar es para engendrar vida. Es la vida entonces que es nuestro destino y esta vida es Dios nuestro Padre.
¡Disfruta este tiempo fértil de la Cuaresma!