DE LAS CARTAS DE PADRE PIO: ESPERANZA EN TIEMPO DE PRUEBA COVID-19

Cristo en la cruz

DE LAS CARTAS DE PADRE PIO: ESPERANZA EN TIEMPO DE PRUEBA COVID-19

Escrito por: Fr. Guillermo Trauba OFMCap.

Estimados Amigos de Padre Pío,
¡Paz y bien!
Casi terminamos la temporada cuaresmal y estamos con miradas a participar con Jesús más en cuanto a su resurrección que con su muerte. Tal vez pensamos porque él sufrió y murió por nosotros, que me toca solamente disfrutar de su resurrección. Así de fácil queremos escapar el sufrimiento. Este deseo de vivir bien aquí en la tierra es tan natural para nosotros que pidiéramos querer estar aquí para siempre si no sufríamos tanto. Pero nos vino el Covid-19.
La pandemia del virus Covid-19 nos muestra que aun con los avances en la ciencia y en la tecnología ni somos invencibles al sufrimiento ni este mundo es nuestro futuro paraíso. Con miedo y enojados, reclamamos a los poderes modernos a librarnos de esta pestilencia. Algunos reclaman a Dios con enojo culpándolo por permitir esta enfermedad. Otros lo ven como como castigo por los pecados de nuestra época y suplican que nos lo retiren lo más pronto posible. Pocas son las personas que saben cómo aprovecharse de esta situación y aún menos son los que se fijan en conseguir un provecho espiritual por medio de esta gran prueba.
Tal vez los místicos como Padre Pío, santa Teresa de Ávila y san Francisco de Asís nos pueden guiar en significar esta situación de dolor e incertidumbre en una manera positiva. Padre Pío así, aconseja a su hija espiritual, Raffaelina Cerase, sobre el sentido del sufrimiento en su carta a ella fechada el 26 de noviembre de 1914:

¡Qué sublime y suave es la dulce invitación del divino Maestro: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, ¡tome su cruz y sígame”! Era esta invitación la que hacía decir a santa Teresa aquella oración al Esposo divino: “Sufrir o morir”. Era también esta invitación la que hacía exclamar a santa María Magdalena de Pazzi: “Sufrir siempre y no morir”. Era también a causa de esta invitación el que nuestro seráfico padre san Francisco, arrebatado en éxtasis, exclamara: “Es tanto el bien que yo espero – que en cada sufrimiento me deleito”.
Lejos de nosotros lamentarnos de las aflicciones y enfermedades que Jesús quiera mandarnos. Sigamos al divino Maestro por la senda del Calvario cargados con nuestra cruz; y, cuando él quiera colocarnos en la cruz, es decir, tenernos en cama enfermos, démosle gracias y tengámonos por afortunados por el gran honor que se nos hace, sabiendo que estar en la cruz con Jesús es un acto muchísimo más perfecto que el de sólo contemplarlo a él en la cruz.

¿Qué decir ante estas palabras de Padre Pío? Primero, tenemos la obligación de conservar nuestra salud, entonces Padre Pío no está sugiriendo que no nos pongamos en riesgo de contagiarnos. Dice que cuando estamos enfermos la manera de tenerlo como ganancia en vez de pérdida es de significarlo como una oportunidad de unirse más estrechamente a Jesús en la cruz. Viendo el dolor de Jesús como un acto de amor y una manifestación de su entrega total por el bien de nosotros, los místicos palpaban este amor apasionado de Jesús. Esta auto-donación y ejemplo de Jesús les inspiraba tanta gratitud que querían hacer lo mismo: ofrecerse completamente en gratitud a Jesús y también por la vida plena y santa de su prójimo.
En este contexto, ¿Cómo interpretar esta pandemia? Si uno no cree en Dios diría que la pandemia es debida a ciertos factores como la sobrepoblación, falta de higiene, calentamiento global, etc. en fin, razones o causas científicas que pueden ser comprobadas y respondidas. Pero si uno cree en Dios la interpretación es más extensa. Uno diría que sí a lo propuesto por los científicos, pero que estas razones son causas secundarias y dado la existencia de un Dios que es infinito, inmanente, personal y que nos ama, es misericordioso y que nos llama hacia él, que hay otros factores que considerar.
La ciencia ve exclusivamente a causas anteriores para interpretar un acontecimiento mientras que la religión incluye también vista a causas finales, o sea a la providencia de Dios. Es natural preguntar, por qué Dios permitió esta pandemia. Pero al preguntarle a Dios por qué lo permitió, uno pone en duda su amor hacia nosotros, su poder y su saber o sabiduría. Pero Dios no es deficiente en ningún aspecto. Entonces la pregunta es inadecuada. Mejor preguntar, para qué pasó esto. La respuesta a esta pregunta me incluye a mí en que me exige dar una respuesta ante esta prueba, dar un testimonio. Este testimonio le doy al mundo y es inevitable porque se lo doy con cada decisión que hago. Mi testimonio revela quién soy yo.
Me parece que la pandemia no es castigo sino corrección de parte de Dios. El castigo no ve al mejoramiento de la persona que cometió una falta mientras que la corrección sí se hace en esperanza por un provecho de la persona. Considera cómo muchas personas vivían teniendo todo lo que querían antes de esta pandemia. Volvían a ser muy egocéntricos y buscaban placeres descaradamente interpretándolos como felicidad. Ahora con la aparición del virus ya no hay placeres como antes. Hay que sacrificar los placeres para poder sobrevivir. Además, no hay el “lujo” de ser egocéntrico. Si uno está enfermo, necesita la ayuda del otro y si el otro está enfermo y me extiende la mano a mí suplicando ayuda, tengo que responder. Ser indiferente crearía una incómoda vaciedad dentro de mi alma y me aislaría de donde la “vida” busca mantenerse.
Concluimos que tomemos precauciones para guardar nuestra salud y terminar con prontitud la pandemia. Esto es ser responsables y caritativos a los demás. También concluimos que es una corrección contra los valores insanos y prácticas desordenadas de nuestra época y una advertencia de no repetir los mismos errores. Además, concluimos que a cada uno le toca dar un testimonio frente las necesidades que provoca esta pandemia. Finalmente, concluimos que cuando uno se encuentre débil o enfermo que lo vea como una ganancia en que le ofrece la oportunidad de unirse a quien en que no hay debilidad y a quien le va a rescatar de todo dolor.
Cuídense la salud del cuerpo y aún más la del alma y conserven la esperanza de vivir plenamente en el amor verdadero que nos da el testimonio de Jesús crucificado y resucitado.
¡Felices Pascuas!
Fray Guillermo Trauba, capuchino

Agrega tu comentario