DE LAS CARTAS DE PADRE PÍO: ESCUCHAR A DIOS EN EL MUNDO MODERNO

DE LAS CARTAS DE PADRE PÍO: ESCUCHAR A DIOS EN EL MUNDO MODERNO

Escrito por: Fray Guillermo Trauba OFMCap

Estimados Amigos de Padre Pío,
Paz y bien!

La vida moderna es cada vez más variada, compleja y acelerada . La tecnología nos permite hacer más cosas con mas rapidez que nunca fuera posible en la historia humana. Corremos con el riesgo de que la tecnología esta evolucionándose cada vez más rápido que la capacidad humana para asimilarla y el hacer responsable uso de ella. Entre otros peligros engendrados por esta situación, la persona en la sociedad moderna tiende a vivir mas la ansiedad y estrés que perjudican su salud física, emocional, mental y aun espiritual. Más y más personas buscan un escape de la complejidad de esta vorágine de acontecimientos.
Padre Pío, aunque murió apenas hace unos 50 años, reconocía aun en su época la importancia de ser sencillo. Reconocía la importancia de la sencillez especialmente desde la perspectiva espiritual. En su carta a su amigo y hermano religioso, el Padre Agustín de San Marco in Lamis, comenta sobre la importancia y beneficios de la virtud de la sencillez. La carta fue escrita en 10 de julio de 1915 cuando Padre Pío tenia apenas 28 años:

Jesús se complace en comunicarse a las almas sencillas; esforcémonos por adquirir esta hermosa virtud, tengámosla en gran aprecio. Jesús dijo: Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Pero antes de enseñarnos esto con palabras, lo haba practicado l mismo con los hechos. Se hizo niño y nos dio ejemplo de aquella sencillez que después enseñó también con palabras. Desterremos de nuestro corazón la prudencia humana, teniéndola muy lejos del mismo. Esforcémonos por tener siempre una mente pura en sus pensamientos, recta en sus ideas, siempre santa en sus intenciones. Mantengamos siempre una voluntad que no busque otra cosa que a Dios y su gloria. Si nos esforzamos por avanzar en esta hermosa virtud, el que nos la enseño nos enriquecer siempre con nuevas luces y con mayores dones celestiales.

Padre Pío vio la sencillez como una brújula que orientaba a la persona a su ‘norte’ entre una complejidad de ruidos, opciones, caprichos y necesidades en su vida. Para Padre Pío este ‘norte’ es siempre Dios, visiblemente presente y accesible por la fe en Jesús. Nos dirige la atención a que Jesús mismo practicaba esta virtud. Luego contrasta la sencillez con la prudencia humana que quiere controlar todo a su manera. El controlarlo todo apetece al ego humana separado de Dios a quien lo ve como un estorbo a la realización de su dignidad humana, en cuanto de su autonomía a decidir por sí mismo. Pero esta actitud soberbia en fin niega tanto la realidad de Dios como la del ser humano y le lleva lejos de Dios a un termino de aislamiento, frustración y desesperación. Este insistente subjetivismo engendra una divergencia y no diversidad que hace la vida mas complicada. Estas personas no alcanzan a ver que la autoridad de Dios provee una orden que crea vínculos entre la diversidad y crea una convergente y belleza total. Por fin, Padre Pío nos aconseja una pureza de corazón y rectitud en las intenciones. La recompensa por esta ascesis es una apertura en el alma a recibir nuevas luces y mayores dones celestiales.
No hay cambios en nosotros sin decisiones. Buenas ideas y deseos nos disponen a cambios, pero sin decisiones no hay acciones ni experiencias que la memoria necesita para sostener estos cambios. La virtud de la sencillez entonces requiere una decisión de nuestra parte en cuanto a la meta y la autoridad o importancia que le damos. Padre Pío enfatiza que esta meta es Dios. Esta sumisión a la autoridad afuera del ego implica la necesidad de humildad que permite acceso a recursos que la persona necesita y la sabiduría para hacer enlaces benéficos con su ambiente que estos recursos le proporcionan. Entonces las virtudes de la sencillez, humildad y sabiduría van juntas para armar un plan de crecimiento humano y espiritual para llegar al puerto ansiado del corazón de Jesús.
Sin embargo, el plan es siempre más fácil que su ejecución. A estas virtudes ya mencionadas necesitamos añadir la esperanza y la fortaleza para sostener el esfuerzo y superar las dificultades que la complejidad de la vida nos presenta cada da y de repente. Esta fortaleza viene de un amor apasionado por la cruz de Cristo y tiene como autor el Espíritu Santo. Este amor apasionado es dirigido al Reino de Dios, que es el crecimiento de la vida de Cristo en la vida de cada persona. Cuando estamos convencidos de que, al buscar primero el Reino de los cielos, Dios nos va dar todo lo demás por añadidura, estaremos dando testimonio en este mundo complicado como profetas de un reino nuevo que Jesús sigue construyendo en el corazón de la gente sencilla.
Tu hermano en Cristo,
Fray Guillermo Trauba, Capuchino.

Agrega tu comentario