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Experiencia vocacional de Semana Santa

Por: fray José Armando Leyva Martínez

 

Nos encontramos en la recta final de este año de proceso vocacional donde los jóvenes que se sienten atraídos a vivir nuestra forma de vida han ido discerniendo su vocación delante de Dios y con la ayuda de los diferentes frailes que los acompañan.

Como es ya tradición, los jóvenes del proceso vocacional de nuestras fraternidades de Nuevo León y Durango se fueron juntos de misión de Semana Santa en las comunidades de Pedro Vélez y La Purísima, en el municipio de Cuauhtémoc, Durango. Este año fueron siete jóvenes junto con los frailes Fernando Trujillo, José Luis Villarreal, Francisco Patiño y Francisco Mendoza.

Uno de estos jóvenes, Juan Francisco Ramírez Jiménez nos comparte sobre cómo fue su experiencia:

“Para mí la semana santa fue una experiencia inolvidable, ya que al estar de misión descubrí a grandes compañeros y grandes amigos que nunca imaginé tener; también las personas de Pedro Vélez nos brindaron su hospitalidad. La vivencia para mí fue muy grata ya que nunca imaginé la participación tan buena que tuvieron la mayoría de las personas incluyendo niños y jóvenes, al trabajar con ellos se siente su fe viva y también la esperanza en Dios.”

“Todo lo vivido me gustó mucho ya que pude tener una mayor cercanía con Dios por medio en la Semana Santa. También me gustó el trabajo en equipo que tuvimos, y que sin él no hubiese sido posible todo lo logrado. Me gustó el poder transmitir y compartir con las personas cómo es el amor de Dios en mí y saber cómo es en ellas; pero lo que más me gustó es la forma de relación con las personas ya que siempre te responden y te saludan con tanta alegría que te impulsa a seguir adelante por más cansado que andes.”

“Pero hubo algo que me enseña la Semana Santa, me mostró un poco de cómo son los frailes, cómo son ante todas las personas, cómo ellos viven en Dios y Dios con ellos, eso fue lo que me hizo darme cuenta que en verdad yo quería y quiero ser como ellos: llevando paz y esperanza donde no lo hay. También me enseña que hay que dejar entrar a Dios en nuestro corazón y todo lo que te propongas en su nombre se hará. También me gusta cómo son las personas con los frailes: les toman mucho cariño y afecto; yo sin ser fraile sentí ese cariño, hasta me llegaron a decir “fray” y me llené de emoción y alegría. Entonces me llevó a estar 100% seguro de que quiero ser un FRANCISCANO CAPUCHINO...”