El hermano Francisco de Asís, iluminado por inspiración divina e inflamado en ardiente amor de Cristo, eligió para sí y para sus hermanos la forma de la fraternidad evangélica en pobreza, minoridad y la propuso en la Regla con pocas y sencillas palabras. El Papa Inocencio III aprobó de viva voz esta Regla y forma de vida de los hermanos menores y el Papa Honorio III la confirmó el 29 de noviembre de 1223 mediante la Bula “Solet anuere”.

 
Los Frailes Menores Capuchinos surgimos del tronco de los Frailes Menores –o Franciscanos- en 1525, apenas 8 años después de que éstos obtuvieran la total separación y el primado jurídico sobre los Conventuales. Para entonces los Franciscanos eran ya varias decenas de miles en todo el mundo y la evolución interna y los fines apostólicos los habían llevado a una situación nueva, muy diferente de los humildes comienzos en eremitorios y pequeños conventos. Era, por tanto, inevitable que alguien, desde dentro, reivindicase el derecho de observar la Regla a la letra, con todo su rigor. Eso es lo que hicieron el joven sacerdote Mateo Serafini de Bascio (1495-1552) y los hermanos Ludovico y Rafael de Fossombrone, de la misma familia franciscana, la cual hizo todo cuanto pudo por reabsorberlos y contener la hemorragia.
 
La orden capuchina creció rápidamente, especialmente en Italia y Francia. Los hermanos capuchinos de Francia implataron la orden en Irlanda, los irlandeses fundaron la provincia de Ntra. Sra. de los Ángeles, en el oeste de EUA en 1979. El ministro general de la orden pidió a la provincia de Ntra. Sra. de los Ángeles enviar misioneros para la Iglesia y para la implantación de la orden en Latinoamérica, y con este sueño llegaron los frailes Alejandro Magallanes, Guillermo Trauba, Felipe Bruce y Miguel Ángel Ortiz, a Yécora, Sonora, México, en 1985.
 
Conscientes del deber de compartir el carisma Capuchino con la Iglesia en México, se inició la implantación de la orden en 1998, con el Postulantado en Yécora. Posteriormente se inició el noviciado en Tres Ojitos, Chihuahua, en 1999, en el convento San Fidel de Sigmaringen, casa que actualmente se dedica a la formación de los novicios en preparación para profesar sus primeros votos religiosos, y a la vida pastoral en el contexto de algunos pueblos con gente pobre.
 
El año 2000 se inició una tercera fundación en la Arquidiócesis de Monterrey, N. L. con el Convento Capuchino de San Pío de Pietrelcina, cuyo objetivo principal, entre otros apostolados y servicio con la gente, es la preparación de los frailes en formación para su profesión perpetua y la educación ministerial de los frailes para el servicio de la Iglesia.
 
En el 2009 se llevó a cabo nuestra más reciente fundación en el estado de Durango, con el Convento San Francisco de Asís. Casa destinada, principalmente, a la formación de los muchachos en el Postulantado, que es la primera etapa en nuestra formación religiosa, con miras a abrazar nuestra vida evangélica como frailes franciscanos capuchinos.
 
Y en el 2012 se inicia una segunda fundación en la Arquidiócesis de Monterrey, con la parroquia Santísima Trinidad, en Benito Juárez, Nuevo León. Esta parroquia atiende 7 capillas y 12 fraccionamientos y ejidos. Es de las parroquias con más territorio parroquial en el municipio de Juárez, Nuevo León.
 
A medida que hemos ido creciendo, nos hemos ido fortaleciendo internamente como una comunidad de frailes mexicanos, aún dependiendo de la fundación de los frailes americanos. Actualmente estamos constituídos jurídicamente como una Custodia –con cierto régimen local en nuestra vida fraterna, formativa y apostólica- , con el proyecto de llegar a ser después Viceprovincia y después Provincia.